Por qué algunos anuncios son inmortales

Las fechas navideñas suponen nuestro reencuentro con diferentes anuncios que regresan a nuestros hogares, y nos emocionan, un año tras otro.

Sin duda, el mejor ejemplo de ello es el anuncio de El Almendro, que vuelve a casa cada Navidad en nuevas versiones actualizadas, pero absolutamente fieles a los principios publicitarios abrazados en su primera versión, en la década de los 80: tono emocional, música pegadiza, concepto familiar, claridad, mensaje doblemente apropiado —para las fechas de emisión y para la estacionalidad del producto— e identificación afectiva.

Se trata de una referencia de manual de comunicación capaz de llegar al corazón y despertar una corriente de simpatía en cada uno de sus receptores. Es, además, un anuncio transgeneracional: hijos, padres y abuelos nos identificamos con los roles reflejados y vamos transitando por ellos, evolucionando, a lo largo de nuestra biografía.

La buena publicidad emociona, cuenta historias humanas, promueve la identificación, simboliza y se entrelaza con la realidad de sus destinatarios. Como el icono del toro de Osborne, integrado para siempre en los paisajes viarios españoles, así la vuelta a casa navideña de este turrón y sus protagonistas renovados se vive con proximidad, sintonía y emoción.

No es fruto de la casualidad. La buena creatividad, cuando apela a las tendencias humanas con coherencia y adecuación a los valores de la marca, nos gusta, nos conmueve y nos seduce. Entonces contribuye a acercarnos a la marca de una manera afectiva, a vincularnos con ella, a sentirla parte integrada en nuestra vida. No significa que, necesariamente, vayamos a consumir sus productos o servicios. Sino que nos resulta nuestra, simpática, agradable. Confiable. Y, en consecuencia, llegado el caso, será una opción privilegiada en cuanto necesitemos lo que ofrece.

También a nivel personal la comunicación funciona de este modo. Cuando mostramos nuestra mejor cara con coherencia y adecuación a nuestros interlocutores, cuando hablamos y escuchamos con el corazón, cuando nos esforzamos por ser amables, comprensivos y cercanos, creamos sintonía.

Desde Zúmmum, os deseamos que paséis unas fiestas navideñas excelentes, inmortales, realmente inolvidables, en compañía de la gente que os encanta.

¡Feliz creatividad y próspero año nuevo!

 

 

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