la leyenda de El Atrapamundos

Hay trabajos que imprimen en el ADN de una agencia de publicidad una huella permanente. A sus creadores nos encanta recordarlos y, aunque pasan los años, se mantienen como referentes incuestionables de nuestro estilo y know how.

Este es el caso de El Atrapamundos, un proyecto de creación y lanzamiento de marca (naming y logotipo) en el que Zúmmum participó desde 2006. Los responsables de la empresa pusieron en nuestras manos un trabajo realmente atractivo, y lo hicieron dándonos plena confianza y absoluta libertad creativa. El punto de partida estaba claro: encontrar la marca idónea para un local de ocio estructurado en torno a la gastronomía, los viajes y la cultura. Una marca sólida, notoria, sugerente; capaz de sintetizar las tres propuestas en un concepto único, evocador de la experiencia, el viaje y la aventura.

Fue entonces cuando él vino a nosotros, tocado con sombrero y portando su maleta inconfundible: «No tengo rostro, nombre ni apellidos. Soy El Atrapamundos… y cambio el destino a aquellos que me abrazan». Así surgió la marca. Y, de su mano, la estrategia creativa.

Desde el primer momento la imagen de El Atrapamundos presidió el local en una vitrina retroiluminada con una espectacular fotografía, supuestamente tomada al personaje. El Atrapamundos se convirtió, de este modo, en mucho más que un centro de reunión con cocina internacional, programación cultural y asesores de viajes a medida. Era un estilo personal. Un modo de existir. Una actitud ante la vida.

La estrategia creativa adoptada respaldó en todo momento este planteamiento: cedió el protagonismo al personaje hasta convertirlo en un referente para el público objetivo. El local se decoró con sus símbolos: el sombrero de ala ancha, la maleta, los enseres personales… y las acciones de comunicación le crearon una biografía, sobre todo Trapamundi, la revista interna que incluía testimonios y noticias sobre El Atrapamundos.

El plan de comunicación diferenció acciones de imagen y promocionales. Se desarrollaron campañas en televisión local, material gráfico, revistas específicas y publicaciones propias (Trapamundi y Pasaporte de lectura, una colección de relatos inéditos sobre viajes y viajeros). Para alcanzar los objetivos específicos en cada área de negocio se realizó marketing directo, publicidad exterior y PLV (cartelería), así como estratégicas acciones de buzoneo y una atractiva programación cultural.

Tras consolidarse como un verdadero referente del ocio en Zaragoza, un lugar asociado a la gastronomía, la cultura y el mundo del viajero donde, cada vez más, los zaragozanos hallaban su destino, El Atrapamundos cambió su estrategia de negocio. Pero ha tenido muy claro que, desde luego, no renunciaba a su marca.

Así, nuestro personaje permanece vivo, y activo, en el corazón gastronómico de la ciudad.

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